¿Dónde está César Hinostroza?

Cuando la Heteronorma exige al menos "patear con los dos pies", yo elijo el "rizoma-pie"

Publicado: 2013-11-21

Nacer en un Matriarcado en estos tiempos de post modernidad y desarrollo vertiginoso de los estudios de género, podría ser el componente idealizado para cualquiera que se precie de disfrutar de la vida ejerciendo ese oscuro objeto del deseo llamado libertad. Pero ¿qué sucedería si Madre, esa figura materna todopoderosa, se convierte en un agente de castración debido a un amor en demasía ciego y/o sobreprotector? Es lo que me sucedió a mí. No reniego en absoluto de la actitud recalcitrante de mi hermosa madre, abrumada por la presión de una heteronormatividad compulsiva ("Mother loves to be concerned using lessons that she learned" cantaría Marc Almond en Where the Heart is), es más, comprendo perfectamente tal condición represiva que se manifiesta en quizás casi un 90% de la población femenina en el Perú. El orden heterorepresor es horizontal y una mujer promedio solo puede adaptarse al status quo monosexista imperante con las consecuencias de constreñimiento, ansiedad y paranoia social que acarrea. 

De otro lado, mi imagen paterna siempre fue difusa. Padre fue maravilloso, pero incluso él estaba supeditado a esa fuerza ancestral del matriarcado. En este contexto crecí y desarrollé costumbres, fobias y manías propias de un niño mimado inmerso en un universo absolutamente femenino regido por Madre. Se dice que durante la infancia, uno va desarrollando lo que en el futuro será parte constitutiva del corpus social (performatividad la llama Judith Butler). Yo desarrollé una hipersexualidad desbordante. Recuerdos infantiles varios de sensaciones ligadas a lo sexual entabladas en mis relaciones interpersonales con niños y niñas. Me enamoraba con facilidad de cualquiera de ellos. Eres un niño y debes explorar el mundo y el sexo que es el mundo mismo. No sabría especificar si existe una práctica "sexual" infantil, en todo caso, mi universo y memorabilia de aquella etapa están insertas de cuerpos, besos, caricias y juegos perversos dispuestos al servicio del placer inocente - o no - de niños y niñas descubriendo al mismo tiempo sus cuerpos y lo que la sociedad exige y hace con ellos. Una suerte de bisexualidad primaria, absolutamente aceptada y fomentada en un círculo infantil, como el mcódigo secreto de una cofradía. Una jauría amorfa desbordada jugando a "hacerse hombres y mujeres" por imitación, plagio o tergiversación y, así, mediante estas pruebas de ensayo/error poder autorreconocerse y reconocer a otros, una desterritorialización de cuerpos inherente a lo difuso de la identidad humana. 

Entrada la adolescencia surge otro tipo de preocupaciones y afanes estrechamente relacionados con el modelo patriarcal heterosexual impuesto como norma o patrón universal inequívoco y unidireccional: ya no había espacio para la experimentación infantil de cuerpos, sino la exigencia pura y dura de asumir el rol de género que el destino quiso de tu genitalidad bajo pena de rechazo, marginación o estigma socio-familiar. En este nuevo contexto, me ajusté a las nuevas reglas y me fijaba más en chicas, sin que por ello dejaran de interesarme los chicos. Pero era un imperativo social tener chica o enamorada. Un cambio de mentalidad se ha operado, sigues siendo un niño pero esta vez modelado por rígidos implantes externos, la maquinaria sexo-genérica impone su brutal presencia, vigila y castiga, y el bio-hombre adolescente se ve sujeto al sistema: ajustarse o morir figurativa y socialmente hablando. Y justamente la expresión "patear con los dos pies" deviene real y equivale a una bisexualidad, en este caso, secundaria, modificada esta vez por un ocultamiento o blindaje de rigor. El decidirse salir con chicas mientras tu cuerpo anhela satisfacer otros deseos y enarbolar la heterosexualidad a toda costa, despreciando lo abyecto de situaciones sexuales conflictivas, se vuelven premisas. En general, se trata de juegos de simulación donde algunos corazones deben ser rotos inevitablemente. Recuerdo mucho una novia "formal" a la que brindaba todas mis atenciones sin por ello dejar de sentirme enamorado de su hermano mayor - quien finalmente se convirtió en mi amante frecuente. Y frecuente es, además, en muchos estratos sociales, las prácticas de bisexualidad "solapadas" entre amigos, tanto bio-hombres como bio-mujeres, y esto sumado a vivir en un país tan complejo como es Perú donde se conjugan a diario el racismo, clasismo, homofobia y discriminación de toda índole, se convierte en un factor o indicador de una hipocresía sexual social manifiesta. 

Fui bisexual - léase intenté salir con chicas - hasta los veintiún años, edad en que tomé la decisión final de no ocultar más mis preferencias e intereses sexuales. La etapa universitaria y de descubrimiento de escenas sociales alternativas, underground o antisistema fue fundamental para poder lograr ampliar el espectro de experimentación socio-sexual que hasta el momento me ha convertido en una especie de paria del género y ahora no "pateo con los dos pies", sino que pateo con un "rizoma-pie". 


Héctor Acuña Noviembre 2013 



Escrito por

Héctor Acuña

Escritor/Traductor - Artista Visual Autodidacta - Drag Performer - Curador Independiente - Promotor Cultural - Dj - Visagista


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Ser abyecto

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