La Post Pornografía Mató el Futuro
Después de su maniquea invención, los tentáculos de la industria pornográfica, década tras década, se han ido expandiendo inevitablemente en un mundo globalizado capitalizando cuerpos como mercancía hecha carne para el disfrute visual/virtual en un mercado del placer que resulta apetecible y rentable ad infinitum. Alimento del morbo y de la excitación más burda, la pornografía convencional dirigida al macho dominante y penetrador, se ha diversificado y especificado presta a satisfacer las nuevas exigencias de la sociedad de consumo. El stag movie primigenio (películas para hombres adultos) conllevó a desarrollar una folie de voir recreacional y masturbatoria tal como en épocas pasadas lo hizo la cultura cortesana, el cabaret, los shows de burdel y el striptease. Con el transcurrir de los años, Hugh Hefner y su masificación del emporio Playboy revolucionaría el mercado iniciando no solo un despunte del lujo pornográfico, sino también su posible infección.
Aun mantengo intactos los recuerdos de mis primeras experiencias ligadas a la pornografía: la ansiedad generada por la presión de grupo heterosexual; en aquellas épocas, mis compañeros de colegio para quienes, asumo, la visión de tetas y vaginas rubias se convertía en la apoteosis de un clímax psico-sexual irrisorio que, definitivamente, terminaba en una erección o con algunos de ellos pellizcándome la pierna. Para mí, en cambio, aquellas imágenes de hombres teniendo sexo con mujeres en castillos magníficos de campiñas italianas - incluyendo los gemidos y onomatopeyas en esa lengua - y sobre todo, una musicalización fantástica de pianos - que me recuerda hoy en día muchísimo al disco The Moon and The Melodies de Harold Budd y los Cocteau Twins - resultaban ensoñadoras y, por supuesto, excitantes para un novato en estas lides. Se volvió de rigueur ir a cines pseudo porno de barrio, donde no solían pedir documentos de identidad, y más adelante, ir a los cines netamente "porno" del centro de la ciudad, a saber: el Ritz, Colmena, Le Paris, Colón, Imperio y muchos más que culminaron sus días como centros de adoctrinamiento y evangelización.
De regreso al primer mundo, el término "Post Pornografía" se toma de una serie de performances de la ex actriz porno mainstream y artista Annie Sprinkle cuya vuelta de tuerca hacia un porno feminista para el deleite de la mujer y donde se conjugan nuevas sexualidades alternativas no penetrativas, impone nuevas reglas al juego que, si bien irrumpe dentro de circuitos artísticos o activistas, de alguna manera afectó para siempre la industria porno blanca occidental y heterosexista. Ésta finalmente se vio infecta de seres perversos y mestizos que anhelamos placeres distintos, otras cartografías alteradas del cuerpo, esta vez, no genitalizadas, y al mismo tiempo, crudas y sucias, propias de un cuerpo y sexo diferido sobre el cual volcar nuevas formas de experimentación convirtiéndolo en un espacio-laboratorio potencialmente radical, un cuerpo donde desde siempre se han librado las más duras batallas. Así, la folie de voir recreacional y masturbatoria deviene una evaluación crítica de nuestro propio cuerpo como objeto-sujeto social y político que trata de romper las barreras entre los binomios impuestos de público/privado, hombre/mujer, penetrador/penetrado, rico/pobre, blanco/mestizo, legal/ilegal, etc. La Post Pornografía se convierte en un arma visual poderosa a través del uso del lenguaje y narrativas propias de la pornografía dominante del sistema heteronormativo, pero su valor de resistencia se manifiesta con la profusión de sexualidades disidentes descapitalizando el cuerpo-mercancía ya no solo en un mercado pornográfico heterosexual, sino además en el homosexual. Su propuesta subversiva proviene justamente de su crudeza, falta de decorado y acciones performático-ritualísticas que desglamourizan la industria porno del macho blanco occidental. Estas prácticas de disidencia incluyen el Sado Masoquismo, fetichismo, travestismo, bondage, cybersexismo, etc, en fin, toda conducta considerada "desviada" por no ser rentable para el régimen capitalista.
Por tanto, la Post Pornografía mató el futuro de una industrialización y mecanicidad de cuerpos capitalizables dentro de un sistema heterorepresor y su búsqueda incesante de nuevas formas de placer fuera de la genitalidad convencional deviene la piedra de toque de nuevas recitaciones psico-somático-sexuales. A partir de entonces, han aparecido artistas, activistas y teóricos que se adhieren o no a esta propuesta porno-política pero cuya afinidad es la revolución de los cuerpos sujetos a sistemas represivos, en este caso, sexual. Artistas y obreros psico-sexuales del orbe entero, desde Ron Athey, Del La Grace Volcano, Bruce La Bruce o Beatriz Preciado en el primer mundo, hasta La Fulminante, Felipe Rivas San Martín o Lechedevirgen Trimegisto en Latino América - por solo citar algunos - se complementan y dialogan en la práctica post porno generando una secuencia de redes e ideologías de resistencia que propugnan libertades visuales y de existencias otras.
Héctor Acuña Enero 2014