Palanca o (Des)Andar a Pie Fetiche por el Mundo
A veces voy donde reina el mal, es mi lugar llego sin disfraz
En Julio de este año, Pedro Santillana alias "Palanca" (1968-2014) quitó cuerpo de este mundo dejando - literalmente - su inquietante rastro-huella: una fantástica impronta pictórica sexo-disidente que, si bien es ignorada por la cultura oficial o el sistema de arte peruano, no por eso dejará de tener un valor incalculable para aquellxs que practicamos la sexualización y pornificación de la vida misma. El mismo apelativo "Palanca" alude a esa compulsión por sexualizar espacios y contextos, según me contó, acerca de cómo aquel objeto mecánico de los medios de transporte le recordaba imágenes masturbatorias inconscientes. Justamente, estas actividades "recreacionales" perversas fueron de nuestro mutuo interés e iniciamos un compañerismo y complicidad fundados en la abyección como modus vivendi. La peligrosidad como estandarte, el desafío y arrojo como escape a una cotidianidad super impuesta, aburrida y mortífera. Mi admiración por su trabajo quizás se deba además a esa condición diametralmente opuesta de nuestras propuestas y afanes: en mi caso muy particular, mi trabajo conceptual se basa en el cuerpo feminizable y su deconstrucción y el de Pedro, en el cuerpo masculino sobredimensionado. El exceso como norma y referente.

No podría más que describir las sensaciones visuales sobrecogedoras que pueden producir los dibujos de Pedro: cuerpos de (super) hombres, junglas insondables de vellos, pechos hinchados con tetillas hiper expuestas y erectas, quijadas cuadradas verdosas o negras, manotas colgantes, venas sinuosas inflamadas de sangre, ojos pequeños que perfilan una mirada no pensante, solo el perder-se(r) en la excitación más sublime, vergas magnificadas, culos hambrientos y expectantes, y sí, ahí están, los pies fetiche o "Palanca feet" que por fin decapitan al rey falo. Un carnaval de los sentidos de un alto paroxismo visual-sensual (ver-tocar con la mirada) que, sin embargo, guarda aún esa ingenuidad de niño malcriado y juguetón que no teme explorar una sexualidad desbordada y difusa.
Los hombres Palanca habitan y configuran un universo extremo de hiper masculinidad, pero no de una masculinidad propia de la heteronormatividad tanática (dotada del poder de dar muerte a los súbditos) , sino de una exaltación del placer por el placer en sí mismo cuyo legado magnificado resume una búsqueda incesante de libertad de la forma, y por ende, del ejercicio de nuestro propio placer como derecho legítimo puesto en jaque por los sistemas de control, poder y gestión de los cuerpos.

No me gusta pensar en Palanca como el Tom of Finland peruano. Las comparaciones son inevitables, pero, en este caso, la marginalidad y perversión de su mundo recreado nos remite irremediablemente a sensaciones de mayor cotidianidad y cercanía, a esas experiencias carnales super pobladas de piel-memoria, de costumbres atípicas del "cazador" nato y neto cuyo despliegue de afanes por ligar en los momentos y lugares menos inesperados se convierten en máximas de una vida licenciosa por tanto tan válida como cualquier otro estilo de vida. Mucho se habla de la costumbre típica del limeño promedio de tender a la hipocresía, de no llamar las cosas por su nombre, de temer al juicio social. Palanca expone vía esta hiperrealidad esa arrechura convulsa que todxs llevamos dentro. Quizás sea curioso en este punto, mencionar que una de tales prácticas homosexuales licenciosas sea irse de caza o a ligar - en inglés "cruising" - en lugares cotidianos como parques, baños públicos, ciertas calles y plazas donde poder dar rienda suelta a esa sensación de bordear y desafiar el peligro, el sistema y juzgamiento social. Esta conducta natural marca una diferencia notable pues el hombre heterosexual promedio generalmente solo podría irse a ligar en lugares de mayor control como fiestas, bares o discotecas o si directamente quiere sexo, buscar prostitutxs. El acto de ligar no implica un intercambio monetario; es el acto libre de dar y recibir placer por el placer mismo, una suerte de comunión psicosexual. Sin embargo, con el advenimiento de la post modernidad, desarrollo tecnológico vertiginoso y la internet, el acto de ligar se ha desplazado de la calle hacia una despersonalización en el ciberespacio que puede generar gran ansiedad al no poder ver-reconocer físicamente el cuerpo deseable y deseado desarrollando lenguajes y códigos complejos ya bastante usuales como el chat gay, bares con dark room, cabinas de internet que promueven encuentros sexuales casuales, orgías promocionadas en facebook, etc. Así, casi se han dejado de lado prácticas como el deambular sexual que Palanca, afecto a las errancias, tanto adoraba.

A medio camino entre la materialidad carnal exacerbada y un misticismo sexual inusitado, el trabajo de Palanca se inscribe dentro de toda una nueva historicidad marika-disidente o contragenealogía peruana, la profusión de los sentidos, cuerpos y placeres vislumbran una belleza encarnada donde trazo, línea, forma, color y silueta conllevan a una disipación del ser en la locura de ver-tocar y la seducción por el exceso.
Además de su enorme afición por el fetichismo de pies, se añade una práctica recreacional inventada por él mismo: el "street stalking" que consistía en registrar fotográficamente a idóneos mancebos callejeros - de preferencia estibadores, cargadores, locos, vagabundos o delincuentes - en su estado natural y sin que ellos lo notaran a través de un ingenioso sistema de cámara fotográfica con forma de celular que Pedrito ponía junto al oído simulando una llamada disparando su flash certero a 45 grados de la víctima-trofeo. Recuerdo muy bien aquella ocasión en que lo acompañé en su ruta de cacería por las calles de una Lima decrépita con arquitectura colonial heredada de la conquista, el infame Barrios Altos, un tour osado pero a la vez gratificante.

Pedro-Pedrito, tantas veces Pedro, el "acechador" ingenuo e infantil, tan amable y risueño, poseedor de un trazo magnífico, adorado y ovacionado en las ferias de Tom of Finland, amante de la música de vanguardia, los comics y los films de culto, pero sobre todo, ferviente devoto de un devenir sexual perverso y un desandar solitario por el mundo, nosotrxs "las Monstruas" te vamos a extrañar sin consuelo...
Héctor Acuña, Noviembre 2014