Mapeo Drag
El Glamoroso Legado de la "Duda" Bermejo
She falls into frame with a professional pout but the polaroids ignite upon seeing their subject
Glamorosa, icónica y desfachatada, Eduardo Bermejo alias "La Duda" (1969-1998) es un enigmático personaje que permanecerá impávido en la memoria de toda una generación de cultores y asiduos habitués de la escena new wave limeña de la década de los noventa. Dueña de una imagen fastuosa que no podía pasar desapercibida, Eduardo se afianzó como uno de los primeros cultores y devotos practicantes de una subcultura drag alejada del circuito gay predominante, cuya premisa era el hedonismo puro y exacerbado. Su compulsiva faena de "lookearse" para adornar-fastidiar las noches de la escena under se convirtió en ritual de rigor: llegar pasada la medianoche, descender impertérrita de su auto - bautizado como "el cabro-móvil" - ataviada de manera abigarrada, seductora y fascinante y sus maneras afectadas y despóticas, sabiéndose poseedora de un poder de seducción inconmensurable, la convirtieron en uno de los referentes más extravagantes de aquellas salidas nocturnas limeñas llenas de música, drogas y sexo desenfrenado.
Los antros por donde dejó su huella fulgurante y legendaria fueron el Biz Pix, Nirvana, No Helden y muchas fiestas bullentes de gente vestida de negro que vivía de espaldas a la situación social y política imperante e identificada con una contra cultura muy específica a diferencia de la llamada movida "subte" contestataria y explosiva de fines de los años ochenta e inicios de los noventa.

1993
Envuelta en su halo de misterio y seducción, Eduardo-La Duda lideraba una cofradía de marikas histéricas, entre ellxs Giuseppe Campuzano, Germain Machuca y otrxs más: lo fascinante de la troupe era que había desarrollado entre ellas mismas una suerte de paralelismo estético bastante complejo y rápidamente identificable. Llevaban el cabello largo, lacio y negro azabache, maquillaje hiper pálido, cejas depiladas y delineadas y facciones de contundencia femenina, botas militares, leggins-mallas y casacas de cuero. Es por demás sabido que en los ambientes new wave, la androginia es permisiva entre hombres y mujeres, pero en este caso, muy particular, ellxs daban un paso más allá al poseer el saber minucioso de la auto producción intuitiva y descarada que muchos admiraban o temían, esa determinación férrea de desmarcarse de los demás a costa de mucho ingenio, inversión, tiempo y dedicación. Procedente de un entorno familiar de clase media, La Duda no solo empezó a amasar una increíble cantidad de vestuario cada vez más brutal, sino que además, tenía una envidiable colección de música, especialmente vinilos importados de Inglaterra. Era una coleccionista bastante respetada a pesar de su práctica trasvestista frenética y escandalosa.

1992
Cómo poder no recordar aquellos seres desperdigados en la No Helden del centro de Lima, un club de culto convertido en leyenda o mito urbano, donde la fascinación y devoción por la música no comercial, lo radical de la estética y postura y esa sensación de aparente libertad ajena a la guerra civil interna que se había librado en el país una década atrás, se volvió lugar de encuentro y extravío de toda una generación de veinteañeros prestos a experimentar y descubrir nuevas formas de entretenimiento, afectación y conjunción social. En este espacio se generó, además, una mezcla de clases bastante interesante, pues se podía observar desde chicos y chicas "bien" que llegaban en sus autos con su ropa importada hasta gente de los márgenes de la ciudad, pero todos atraídos por una magia omnipresente que emanaba de este antro como si fuera el único refugio inexpugnable, al menos por algunas horas, frente a todos los problemas de la vida cotidiana, los conflictos sociales e incluso el toque de queda y la leva.
Las mil historias de La Duda Bermejo, salvaje e insolente como ella sola, traspasó el ámbito new wave y quién sabe, me atrevería a afirmar que hubiera logrado insertarse en ciertos medios artísticos o musicales trascendiendo la contra cultura; sin embargo, su vida se vio truncada muy joven por esa temida condición- y no enfermedad -llamada Sida: "el bicho", "el bu", "la que te conté" en jerga travesti y marika marginal. En este punto, debo reconocer y agradecer haber conocido y haber sido tremendamente influenciado por la que considero mi "drag mother", quien me introdujo en el perverso y fascinante mundo del exceso como norma estética y ritmo de vida, el descaro como arma de choque y el cuerpo como soporte de lo falso-verdadero.
Héctor Acuña Julio 2015